Errores al conquistar una mujer

Si eres como el resto de nosotros y todos los días piensas en como mejorar para ser más atractivo para las mujeres has encontrado el artículo ideal. Muchos se preguntan como conquistar a una mujer, a continuación te presento 3 errores que debes evitar para conseguir tu objetivo.

No te conviertas en su mejor amigo

Un error garrafal que debes evitar a toda costa es el error de convertirse en el mejor amigo de la chica que te gusta. Tu te conviertes en el mejor amigo cuando te gusta una chica y te obsesionas con ella, a tal punto que llegas a conocer todos sus gustos, compartes sus hobbies y pasas mucho tiempo con ella. Déjame decirte que esto es un grave error. Debes dejar espacio para intrigarla y dejar facetas en tu vida personal que ella quiera conocer; si te conviertes en su mejor amigo ella se va a apegar a ti en una forma meramente platónica y cuando quieras jalar el gatillo y conquistarla ella lamentablemente solo te verá como su gran amigo. Ella no estará dispuesta a perderte para arriesgarse a probar una relación amorosa.

No pongas a las mujeres en un pedestal

Otro de los grandes errores en los que caemos es el de idolatrar a la mujer que nos gusta. Cuando nosotros idolatramos algo o alguien tendemos a hacer lo imposible por quedar de buena manera. Al hacer ésto no solo nos exponemos a que nos vean como chicos vulnerables y se aprovechen de nosotros si no que además no damos a respetar nuestra posición de macho alfa , aquel hombre seguro de sí mismo que no necesita “comprar” la atención de una mujer por medio de regalos, cenas caras, etc. Debes tomar el control y no caer en pequeñas actitudes que te hagan ver como un desesperado por llamar su atención.

Descuidar tus “looks” e higiene personal

De seguro piensas que los chicos menos atractivos son los que más se preguntan como conquistar a una mujer. Déjame decirte que en parte tienes razón. Aunque es muy claro que tu apariencia física no es el factor determinante para conquistar a una chica, es algo que no debemos pasar por alto. Se dice popularmente que el amor entra por los ojos y es por eso que es sumamente importante lucir de manera presentable en todo momento. Debes elegir un estilo en el cual no solo te sientas cómodo si no que también te haga sentir lleno de confianza a la hora de interactuar con la chica de tus sueños.

¿Qué es el amor?

La palabra amor es polisémica, tiene muchos significados, y además puede estar dirigida a “objetos” muy diversos, decimos con ella cosas tan dispares como “hacer el amor”, “amor a la patria” y “amor a Dios”. Estamos pues, obligados a delimitar el tema. Hablaremos del amor en tres facetas: erotismo, enamoramiento y amor propiamente dicho. Se corresponderían con tres niveles ascendentes de sentimientos: los sentimientos sensoriales, los vitales y los psíquicos.
Eros, en la mitología griega, es el más antiguo de todos los dioses porque no tiene ni padre ni madre. Así lo dice Platón en ‘El banquete’ cuando Fedro expone su discurso en aquella reunión. Lo mítico esconde siempre una significación profunda y en este caso se sugiere que Eros está en el origen de todo, sería una especie de potencia universal. Sin entrar en detalles, la mayoría estaremos de acuerdo que el erotismo, la atracción sexual instintiva entre un hombre y una mujer es el principio y la causa de la generación. Existimos por Eros, existimos por amor.

Este amor sensorial, erótico, ha mantenido siempre, al menos en nuestra cultura, una posición problemática. Por un lado ha sido demonizado, tachado de impuro, considerado enemigo del alma —recuerdo aquello que me enseñaron a recitar de pequeño, cuando aún en mi inocencia no podía entender su significado: “Los enemigos del alma son tres: el mundo, el demonio y la carne”—. Por otro lado, ha sido ensalzado, considerado esencial y prioritario para la salud psíquica y la felicidad —sólo hay que recordar al viejo Freud y su psicoanálisis que tanta influencia sigue ejerciendo—. Creo que ha ocurrido lo que tantas veces, hemos pasado de un extremo al otro por la maldita ley del péndulo. Lo que está por llegar es el equilibrio, la síntesis, la mesura, la distancia adecuada.

El erotismo, como todo lo placentero, puede convertirse en objeto de adicción. Y la adicción es siempre limitadora, merma nuestra libertad y condiciona negativamente nuestro crecimiento como personas. Hay una adicción al sexo que es toda una patología en ascenso y que padecen cada vez más individuos en nuestra sociedad. Y hay un pansexualismo cultural que banaliza todo el amor y que es toda una patología social. Es obvio que el erotismo, el “amor” exclusivamente sensual, puede darse solo, sin que se acompañe de otro tipo de amor, esto es, sin que haya enamoramiento, ni amistad, ni mucho menos espiritualidad alguna. Pero también resulta obvio que el erotismo puede integrarse con los otros tipos de amor, y cuando esto ocurre es más, mucho más. Nuestra sociedad al fomentar desmesuradamente el erotismo tiende a la disociación del amor. Esto es mucho más fácil de encontrar en los hombres, lo que probablemente obedezca a razones de toda índole, incluidas las biológicas. Creo que en las últimas décadas, por un mal entendido afán de igualación, muchas mujeres caminan desgraciadamente por el mismo derrotero.

¿Qué locuras se hacen por amor?

Un marido ha donado un riñón a su esposa con la que estaba casado desde hace 27 años. El hombre viendo como la salud de su mujer iba decayendo, debido a sus problemas renales y a estar sometida a diálisis desde hace años, decidió ofrecer su riñón para aliviar sus males. La pareja era compatible al 99% y el trasplante se pudo llevar a cabo con éxito.
La reflexión que nos sugiere esta noticia es ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por amor? ¿Cuántas locuras se hacen en nombre del amor? La literatura y la historia nos ofrecen numerosas muestras. La renuncias al trono son un ejemplo, como el caso de Eduardo VIII, tío de Isabel II de Inglaterra, que renuncia al trono por casarse con Wallis Simpson, una señora norteamericana dos veces divorciada que, en aquella época, no cumplía los exigentes requisitos para ser reina consorte. En su mensaje de despedida hace referencia explicita al amor como la causa de su renuncia: ….”podéis creerme si os digo que me ha resultado imposible soportar la pesada carga de la responsabilidad y desempeñar mis funciones como Rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo”. En este caso no sabemos si esa prueba de amor fue una renuncia o una sabía elección; los Duques de Windsor, que así se les conocía, vivieron de fiesta en fiesta en París, lejos de las responsabilidades y encorsetamiento de la corte.

Recordamos el caso de un hombre enamorado que hacía la vista gorda a la infidelidad de su mujer. A pesar de que esa infidelidad había dado sus frutos y contaba entre su progenie con una hija producto de los escarceos de su mujer con un monitor del gimnasio. El buen hombre decía: cómo no voy a saber que no es mi hija, si cuando se quedó embaraza hacía meses que no hacíamos el amor. Sin embargo, de este tema nunca se hablaba en la pareja; siguiendo la tendencia de que si las cosas no se nombran, no existen.

Dejando de lado estos heroicos episodios, son muchas las personas que han vivido y viven sus pruebas de amor. Cotidianas, sencillas, entrañables, los amantes hacen cosas motivados por los sentimientos amorosos. Según Stendhal los enamorados se someten a pruebas de amor para cerciorarse de los sentimientos del amado. Harías eso por mí, es palabra mágica que ensalza la autoestima del amado. Sin embargo, según Stendhal, las pruebas de amor no son tan aleatorias; los amantes saben intuitivamente hasta dónde llega el sacrificio del amado, de forma que, si no quieren que la relación se rompa, no piden ninguna prueba de amor que no esté al alcance del amado.

¿Qué has estado dispuesto a hacer por amor? ¿Qué pruebas de amor te han dado? ¿Qué pruebas de amor, tuyas o de otras personas, recuerdas?