Te quiero

Te quiero por todas las mujeres que no conocí
Te quiero por todas los tiempos que no viví
Por el olor de alta mar
Por el olor del pan caliente
Por la nieve echa agua la primera flor
Por el animal puro que no le teme al hombre
Te quiero por querer
Te quiero por todas las mujeres que no quiero

Quién me refleja sino tú misma me veo tan poco
Sin ti no veo más que una extensión desierta
Entre antes y hoy
Hubo esas muertes que yo salté sobre paja
No puedo atravesar el muro de mi espejo
Me hizo falta aprender la vida
Palabra por palabra como se olvida
Te quiero por tu serenidad que no es la mía
Por la salud
Te quiero contra, todo lo que es sólo ilusión
Para este corazón inmortal que no tengo
Crees ser la duda sólo eres la razón
Eres ese gran sol que se me sube a la cabeza
Cuando estoy seguro de mi.

Paul Eluard
(Frances)

En tu ausencia

Es un pétalo blanco de flor leve,
sobre la oscuridad de una tristeza,
tu mano, de blancor terso de nieve,
poniendo una caricia en mi cabeza.

Murmurándome alguna gentileza,
tu enamorado susurrar de ave
es una dulce música suave,
fluyendo en el jardín de la tristeza.

Queda el cielo, al triunfar de la tiniebla,
en un huerto de rosa convertido;
así, mi alma, en tu imagen deleitada…

Mas queda, sóbre un otro gris, perdido
el cielo en los cendales de la niebla:
¡así, lejos de ti, mi alma angustiada!…

Lisimaco Chavarria

(Costarricense)

A los amigos

A los amigos

Un amigo es de esos seres
que comparten pena y goce;
es aquel que nos conoce
y sin embargo nos quiere.
Soslayando pareceres,
máximas y frases hechas,
y más allá de las fechas
que nos marca el calendario,
amigo es un dignatario
libre de toda sospecha.

Hay en torno a la amistad
dichos, refranes, sentencias,
moralejas, advertencias
de toda suerte y verdad,
y en esa polaridad
de pensamientos diversos,
estamos todos inmersos
cubriendo el espectrograma…
ya que, en su compleja gama,
entra de todo, hasta el verso.

Tal vez Enrique Febbraro,
un día de luna llena,
decidió orientar su antena
hacia el misterioso faro
buscando acaso un amparo
lejos de lo terrenal,
-cuando la gesta orbital
era cercana y vigente-
y propuso “julio veinte”
cual cordón umbilical.

Yo no veo razón alguna,
distinguidos contertulios,
de que sea el veinte de julio
la fecha más oportuna.
Si el hombre llegó a la luna
generando gran tumulto,
yo, esquivándole al insulto,
no celebro su ponencia;
fue un alarde de la ciencia
y la amistad, es un culto!!!

Es insondable el camino
por el que el hombre transita;
por esa huella infinita
anda en pos de su destino.
Es nómade, es peregrino,
por su génesis y esencia.
Peleando su permanencia
se torna beligerante
y considera importante
lograr cierta trascendencia.

En su búsqueda imprecisa,
persigue siempre un ideal;
distinguir el bien del mal
debiera ser su premisa.
Sometido por la prisa,
su existencia está acotada;
si al final de la jornada
sólo acumuló fortuna,
haber llegado a la luna
no le sirvió para nada.

Encontró acaso un amigo
en aquel desierto yermo?
Encontró un mate y un termo,
encontró afecto y abrigo?
Tanto viaje, pucha digo,
sin estrechar una mano.
Para cortar por lo sano,
me parece un desatino
que no salude al vecino
y ande buscando un marciano!..

Un abrazo fraternal
y augurios de buena onda,
sirvan de cierre a la ronda
en este día especial.
Aquí lo fundamental
es abrevar en la fuente
de un sentimiento latente
que, superando la fecha,
dispara como una flecha
su espíritu trascendente.